En español La primavera sangrante, así es como el libro El Ocho de Katherine Neville describio un lugar donde dos chicas fueron recluidas en un convento "en primavera cuando la nieve de los montañas se derretía el agua corría por un río que arrastraba las flores que caían de los cerezos al pie de la montaña".
El libro fue interesante, no es uno de mis favoritos pero uno suele disfrutar un libro grande especialmente cuando la historia esta bien narrada. Inaugurando este pequeño lugar publicare un cuento que escribi hara ya un año, cuyo título es el mismo del blog.
Llegó cubierto por una delgada capa blanca. Atraviesa, confiado de sus pasos con aire indiferente la pequeña aldea. Se detiene en el centro sólo para mirar con aire de superioridad el rostro de los aldeanos, su piel carcomida por las inclemencias del frío y sus ojos sumidos en su trabajo. Pobre muchacho, ahora está atrapado en el lugar olvidado por Dios, donde el tiempo ha condenado a las personas a realizar la misma faena hasta que se consuma su alma por haberle dado la espalda.
Nunca antes lo había visto.
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Ahí está de nuevo ese muchacho, comienza a vagar sin sentido por los alrededores, admirando la nieve sobre los árboles y las chozas, el sonido de los martillos, y los gemidos ahogados de los niños. Sus movimientos son precisos evitando a toda costa interponerse en el camino de los aldeanos.
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Otra vez el muchacho, recorriendo el mismo camino que se ha trazado desde la primera vez que lo ví. Hay algo de triste en su andar como si no supiera en donde esta, tal vez ni siquiera se ha percatado de eso o simplemente no le interesa.
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Ahí esta de nuevo el muchacho, pero esta vez observa su derredor. Esta vez se ha percatado que no es su primera vez en este pueblo, corre aterrorizado hacia el lago. Lo observo fijamente como si buscara algo.
Lo que encontró lo dejó estático por demasiado tiempo. Sólo se levanta para llegar tambaleándose en medio de todos esos hombres...
"-Ahora lo recuerdo, lo recuerdo todo, es mi culpa, todo esto es por mí culpa. Soy la maldita escoria que durante todo este tiempo se ha regocijado de su sufrimiento, es por eso que mi rostro es hermoso porque yo soy el Invierno que se ha alimentado de su espíritu.Grito con su voz casi acabada buscando en la mirada de cada hombre su perdón, pero ¿como podía encontrarla en solo un cascarón?
Y yo que creía ser víctima de su maldición, pero soy el que los ha arrastrado a la mía. A mi maldita necedad por encerrarme en… la melancolía. En este sentimiento ponzoñoso al que me he vuelto adicto, de su extasiante mezcla de tristeza y felicidad. ¡Pero qué más puedo hacer! Mis recuerdos son borrosos y esto es lo único que me queda de ella.-"
Después caminó hacia el bosque donde ya no pude verlo.
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Esa fue la última vez que lo vi.
Desde ese día volvió a salir el Sol y el hielo se derritió, tal vez piense lector que los hombres abrieron los ojos y "vivieron felices para siempre", pero su necedad de estar alejados de Dios aún los condena. Sólo soy yo la que extraña al muchacho, la única que escuchó sus palabras de arrepentimiento. Quiero volver a ver su rostro y es por eso que ahora estoy junto al río, con la esperanza de ver su reflejo, pero son los pétalos de cerezo los que cubren el agua y no puedo ver nada. Siento cosquillas en mi mejilla. Mi mano está cubierta de ¿sangre? ¡Pero si no me he lastimado!
Irónico, es como si por cada pétalo de cerezo que cae resbalara una gota de sangre por mi mejilla, ¿O es al revés?